LA LOCURA
El tejido las cintas y la memoria, ubicadas en el espacio de la sinrazón, como tramas, en
un comienzo fue la locura; el hacer visible el asunto entre lo particular y lo
público entre lo real y lo ficticio entre lo latente y lo evidente, haciendo presente por medio de lo anterior un
hombre introducido en el caos de su
interior poseído por el delirio y el absurdo desprovisto de entendimiento
encerrado y marginado; perdido en la masa de la ciudad donde finalmente es
llevado al límite de la negación. La locura es entonces esa parte sensible
extraviada, una maraña de pensamientos donde el individuo niega su naturaleza
más próxima ya perdida.
Ya lo afirmaba Beckett en sus obras,
señalando la presencia de una memoria llamada por el involuntaria que
contiene ¨ un pasado recordado a medias a medias olvidado ¨ acumulando sensaciones
pasadas, censuradas y evocadas a través de sensaciones momentáneas. Al ahondar
en la memoria, Beckett descubrirá un paraíso perdido.
Este ser desposeído de sí mismo y apartado de
su esencia es al mismo tiempo ubicado en
este paraíso perdido e irrecuperable
quien al no tener conciencia de tal pérdida es reducido por desintegración a una sombra convirtiéndose en arquetipo de
un mundo en declive, visualizado como
alguien que dentro de sí procesa no pensamientos sino una maraña de enredos lo
cual no le permite mostrarse como un ser
acorde con el mundo que lo rodea. Las cintas
magnéticas simplificaban esta visión al ubicarlas dentro de una
estructura dotada de conexiones en las
cuales se conservan y almacenan fragmentos de alguna realidad, que constituiría
así alguna identidad, haciéndolo poseedor de una memoria que apenas insinúa sus huellas;
recortes, ediciones, lenguaje fragmentado presente también en ¨ La
Ultima Cinta de Krapp¨ distinguiendo
un individuo enajenado a sí mismo, quien no se visualiza como un ser unitario y
tiene una visión fragmentada de la realidad.
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